El què hem vist. (Intervención en lafuturA, julio 2012) Si las paredes hablaran…

Si las paredes hablaran…

En lafuturA el modo condicional no existe: las paredes hablan. Y lo hacen sin cesar: hace casi año y medio que no callan; a veces susurrando, a veces en voz alta.

Ellas siempre ofrecen su carne al piercing y su piel al tatuaje, pero no con un hablar por hablar, sino haciendo de juglar.

Muchas son ya las historias que nos han contado, siendo en unas ocasiones llanas y en otras abruptas. Esta vez nos cantan historias ilustradas que nacidas de cuentistas distintos, se entrelazan en relatos entre cándidos y subversivos.

A iniciativa de Iván Sanjuás, miembro resistente de lafuturA, y bajo el lema El què hem vist, altruistas ilustradoras e ilustradores han intervenido en las paredes de ésta la que es vuestra casa, trasladando lo que parece pertenecer a un mundo de formato reducido a otro que hasta parece envolverte. A esta nueva escala, los personajes parecen tratarte de tú a tú y con mayor descaro, pareciendo rogar mayor edad, al saber que pronto, por efímeros, van a desaparecer bajo un blanco y opaco velo, ignorando que en ese futuro y plano limbo, en secreto, podrán departir con algún demente acostado, con ciertos encapuchados y con otros singulares personajes ya sólo visibles en nuestra propia memoria.

Cuando en el día de la inauguración accedí a la sala, tuve una sensación extraña. En el umbral me mentí sintiendo el vacío, como cuando se entra en un lugar abandonado y escondido en el que las paredes han sido cubiertas de fríos y callados graffiti, que a diferencia de otros escandalosamente gritones y a plena luz, sólo pretenden dejar una huella de paso. Pero este engaño solamente dura un instante, porque lo que de las paredes de lafuturA emerge y a la vez socava, no es graffiti, sino ilustración. Lo adviertes cuando te adentras y discurres viendo la panorámica de forma frontal, como cuando lo haces ante el papel. Si embargo, este cambio de escala produce otro tipo de emoción, ya que la vista rastrea la superficie leyéndola de forma secuencial, apareciendo así el relato, sin necesidad de palabras. Y cuanta mayor atención se presta más crece la narración, apareciendo escondidos secretos, muchos de los cuales, tal vez, son fruto de la improvisación.

Por esto podemos pensar que los pájaros bien pudieran estar emparentados con los saltamontes (o que de lo que se come se cría), según nos cuenta Ariel Moraes; o que los cabellos de la mujer del nº 8 sirven para peinarlos y también para pisarlos en el vacío con amor, o que han robado el santo de la hornacina del nº 60, según nos relata Sonja Wimmer; que los zapatos de los Rolling Stones se abrochan con cordones de scooby-doo, o al menos así lo explica Olivia Cara; que la dueña de una muñeca ya ha dejado de ser niña, a juzgar por el contenido de la papelera de Ina Fiebig; o que tal vez la que abandonó la muñeca fue la niña presumida de Isabel S. Schirmeister, que ya creció por amor; que en el Poble Sec también se vigila a las parejas por la ventana, mientras el amor entra por la rejilla de ventilación, según grafía Laura Gómez; o que a veces la incompetencia sólo permite respirar a través de un cristal roto, según me parece leer de David Bermúdez; que la cifra temporal 786 como encabezamiento de un sabio menú verbal caligrafiado por A. W. Sabaté, esconde un año grande en la cultura islámica, ya que en él asciende al trono califal Harun Al-Rashid, inmortal de Las mil y una noches, y padre también en ese mismo año, de Al Manun, tal vez el más grande de los califas de la historia del Islam, y al cual se atribuye el esplendor del Al-Andalus, interrumpido muchos siglos más tarde por los Reyes Católicos, tal vez por desgracia, según podría deducirse del presente; o que hay caballos con cabellera y mujeres con crines, y caballos con pata de pollo y pollos con cuerpo de caballo gracias a los macizos équidos de José Luís Tercero y a la impertinencia de Martín; o que Supercutreman lleva calzoncillos Punto Blanco, y que hay ciertos “pollos” de cresta postiza que, para sentirse por encima de los demás, necesitan llevar zancos, según las historias de Rema Varela.

No me queda más que invitar a quienes piensan que las paredes no hablan (y a los demás también), a visitar lafuturA hasta el próximo día 28, para descubrir muchas más historias con el fin de conseguir que aunque tal vez las paredes no lo digan todo, las imágenes que nos muestran no se conviertan en solitarios espectros al carbón, a la tinta, al collage,…

Fede Fàbregas

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El paseante y el asesino. Exposición de Iván Sanjuás (lafuturA, 2011)

… Sus pasos conviven en la noche sucediéndose rectos o tortuosos, divergentes o coincidentes; mirando e imaginando, u observando y matando.

El hacedor de arte parece atravesar la noche a cuatro patas, con pasos vacilantes de huellas muy juntas que parecen atropellarse hundiendo el polvo. Es decir, anda y también mata, caminando en dirección al horizonte que nunca alcanza; en dirección a la utopía. En su singladura desfallece, y por eso mata. Para sobrevivir. Da vida a sus exploradores para más tarde quitársela. Porque le torturan. Estos guías de parajes desconocidos y cartografiados “hic sunt dracones” le agotan y a la vez le envilecen, y lo pagan caro; con su vida. Y así da por concluida su obra que, desde entonces, yace postergada ensoñando.

Iván Sanjuás practica el arte del ensueño, pero no cual guerrero tolteca castanediense, o sea en sí mismo, sino para aquellos que osen visitar lugares donde hay dragones. Sus obras exploran realidades mentirosas y apariencias verdaderas, pero fallecen porque el artista desfallece, porque él no es pétreo ni hierático como los Atlantes de Tula, sino dúctil y humano; aunque por cansancio, asesino de sus obras.

Fede Fàbregas